miércoles, agosto 16, 2006
martes, agosto 15, 2006
Hoja de tierra
El beso sucede
cuando el cuerpo
agonizante
de hoja
tierna,
en su despertar
junto al roble
al caer desde
la rama,
comparte su humedad
y la agonia
con la tierra
que la vio nacer
y que ahora
reclama.
cuando el cuerpo
agonizante
de hoja
tierna,
en su despertar
junto al roble
al caer desde
la rama,
comparte su humedad
y la agonia
con la tierra
que la vio nacer
y que ahora
reclama.
martes, agosto 08, 2006
domingo, agosto 06, 2006
Nocturno
Dos amantes se besan sobre el callejón desnudo y apagado.
A lo lejos el anciano recoge papeles olvidados
llanto de a ratos silencioso
de a ratos solitario.
Los niños que alguna vez rondaron, cesan carcajadas
y se acurrucan hipnotizados bajo la agonizante
luz del poste.
Los autos continuan su cortejo, bailan alrededor
como espectros vigilantes, sin rumbo.
Insomnia. Los habitantes persiguen sus propias sombras.
Demacrados, siempre ciegos esperando
la belleza temeraria de la muerte.
A lo lejos el anciano recoge papeles olvidados
llanto de a ratos silencioso
de a ratos solitario.
Los niños que alguna vez rondaron, cesan carcajadas
y se acurrucan hipnotizados bajo la agonizante
luz del poste.
Los autos continuan su cortejo, bailan alrededor
como espectros vigilantes, sin rumbo.
Insomnia. Los habitantes persiguen sus propias sombras.
Demacrados, siempre ciegos esperando
la belleza temeraria de la muerte.
sábado, agosto 05, 2006
She´s a good girl

Se trataba del tiempo
del frenesí: de la pasión
perdida
y que buscas fijamente
en las calles que inventas
con el paso de los días
En tu cabeza
o en una farola
que no se siente ajena
al invierno de allá afuera
Y que no sabes
y que no pudiste
explicar
cómo es que fuiste a parar
en este terrorífico y desorganizado lenguaje
Que nadie lo entiende
que tú no entendías
Tenía que pasar todo esto
para que la primera lágrima
se convierta en la última
She´s a good girl
Vanessa Contreras, 22 años,
estudiante de psicología.
jueves, agosto 03, 2006
EL TOPO
Estaba ahí
acorralado en el ruedo de los curiosos. Sus garras
escarbaban inútilmente el cemento de la vereda,
y sangraban. No avanzaba,
sólo esponjaba y contraía su cuerpo
según su miedo. Y con su hocico,
rosado y móvil, husmeaba,
lejos de sus oscuras galerías,
el aire soleado de los hombres.
Jamás habíamos visto un topo.
Habían capturado un mito, un animal
de bestiario. Por eso
nuestra mente demoraba, se estremecía,
no podía creer
que bajo la realidad estridente del sol
hubiera otro animal
de carne lastimada como la nuestra.
José Watanabe
acorralado en el ruedo de los curiosos. Sus garras
escarbaban inútilmente el cemento de la vereda,
y sangraban. No avanzaba,
sólo esponjaba y contraía su cuerpo
según su miedo. Y con su hocico,
rosado y móvil, husmeaba,
lejos de sus oscuras galerías,
el aire soleado de los hombres.
Jamás habíamos visto un topo.
Habían capturado un mito, un animal
de bestiario. Por eso
nuestra mente demoraba, se estremecía,
no podía creer
que bajo la realidad estridente del sol
hubiera otro animal
de carne lastimada como la nuestra.
José Watanabe









